viernes, 21 de julio de 2017

La razón moral en bancarrota


Propongo considerar un pequeño problema moral para el que la razón pura (sea lo que sea eso) es incapaz de ofrecer una solución. El ejemplo, por ser tan mundano él, no debería preocupar a los proponentes de una moral basada en la razón. Aún así lo propongo porque ayudará a entender la postura de quienes no creemos posible que la razón pueda dar ningún salto para poder deducir lógicamente la moral.

Este es el ejemplo:

Una empresa se declara en bancarrota. Sus activos están valorados en 120, pero tiene dos acreedores a quienes debe 60 y 120, respectivamente. ¿Cómo se dividen los activos entre los acreedores?
  • Regla igualitaria: Se reparte entre ellos a partes iguales, 60 para cada uno.
  • Regla proporcional: Se reparte proporcionalmente a la deuda, 40 para el primero, 80 para el segundo.
  • Regla del Talmud: El primero reclama la mitad, el segundo todo. La mitad que reclaman los dos se reparte a medias (30 para cada uno). La segunda mitad que reclama sólo el segundo es para él (60 más para el segundo). El reparto queda así: 30 para el primero y 90 para el segundo.
¿Cuál es el reparto moralmente justo?

No es posible saberlo. Cada uno obedece a un principio distinto, todos tienen en cuenta cierto principio de igualdad, pero cada regla lo trata de forma distinta. De hecho podríamos imaginarnos muchas más, todas sensatas. Podemos poner un mínimo asegurado para cada acreedor y un reparto proporcional del resto de la deuda, o hacer el reparto proporcional al logaritmo de la deuda (por aquello de que más dinero da cada vez menos felicidad), o dárselo todo al más rico (la regla Reaganiana), por poner unos pocos ejemplos más.

Esta es la discusión:

El problema es interesante porque está perfectamente definido. Si se dice que hacen falta más datos, por ejemplo sobre quién es cada uno de los acreedores, supóngase que son dos personas exactamente iguales excepto por su posición en este caso de bancarrota. Ni aún así podemos deducir una u otra regla de reparto sin mediar por medio algún otro principio que implique esa regla en particular. Esto no tiene por qué ser redundante. En teoría de juegos hay toda una rama dedicada a derivar fórmulas de reparto a partir de axiomas deseables. Ocurre que cada regla obedece a un subconjunto particular de estos axiomas y que ninguna regla los puede tener todos. En otras palabras, muchos axiomas que son deseables son incompatibles entre sí. Fijémonos que la elección de los axiomas será convencional, mientras que será la razón la que nos lleve de esa elección de principios a una regla de reparto (si es posible) o a concluir que una regla que satisfaga esos axiomas no existe.

Todo eso está muy bien, se objetará, pero la razón moral no se mete con asuntos mundanos como el de la bancarrota (con permiso del Corán, del Talmud y de los códigos civiles y mercantiles, supongo), sino con problemas más importantes. Es posible, pero mi argumento es que los intentos para sustentar una moral en la razón se enfrentarán siempre a este tipo de problemas.

¿Por qué lo creo? Por dos razones. Primera, porque en todos los problemas que se han podido analizar con rigor (bancarrota, negociación, votaciones, provisión de bienes públicos, agregación de preferencias,…) se han encontrado estos problemas. Segunda, porque los que proponen que tal empresa es posible no han conseguido avanzar un milímetro. Todos los avances han sido a partir de concesiones en los principios o a partir de una formulación de acuerdos normativos sobre qué es lo deseable: un punto económicamente eficiente, un punto aceptable tras el velo de la ignorancia, un punto de equilibrio, un punto en el que no haya envidias, una cesión de soberanía a un líder o algún otro principio por el estilo. Todo ellos serán perfectamente discutibles por personas razonables.

jueves, 20 de julio de 2017

Al monte se va con botas: El dilema del prisionero

Para que no se me acuse de meterme siempre con la metafísica, hoy propongo otro tema en el que observamos a la gente echándose al monte sin un buen equipo. Para más señas, esta gente estará individualizada en un autor muy apreciado por mí, como se puede comprobar por las entradas que en este blog hasta ahora han sido.

El monte al que vamos de excursión es el dilema del prisionero. Quienes conozcan este juego pueden pasar a los párrafos siguientes. Para quienes no lo conozcan, aquí va la versión más famosa.

Dos presuntos delincuentes son apresados por perpetrar un crimen. La policía los separa y le dice a cada uno de ellos lo siguiente: No tenemos pruebas de que seáis los autores, pero si tú confiesas y tu compañero no, tú sales libre por colaborar con la justicia y tu compañero se carga con toda la culpa (diez años de cárcel). Si los dos confesáis, os repartís la culpa (siete años a cada uno). Si ninguno confiesa os acusaremos de un delito menor (posesión ilícita de armas) y pasaréis cada uno un año en la cárcel. Una tabla nos ayuda a entender el juego:

                     Confesar     No confesar
Confesar          7,7                0,10
No confesar   10,0                 1,1

Así las cosas, ambos prisioneros debe decidir qué hacer. Si se pudieran poner de acuerdo y tomar la decisión conjuntamente decidirían, casi seguro, no confesar. Pero como deben decidir individualmente, cada uno verá que, haga lo que haga el compañero, lo mejor es confesar: Si mi compañero confiesa, mejor confieso yo también (siete años es mejor que diez), y si mi compañero no confiesa, yo mejor confieso (cero años de cárcel son mejor que uno). Ambos acaban confesando y disfrutando de siete años a la sombra.

Volveremos más adelante sobre la solución anterior. Veamos ahora lo que dice Douglas Hofstadter en su libro Metamagical Themas sobre el dilema del prisionero:
"Si la razón dicta una respuesta, ambos prisioneros llegarán a ella independientemente. Una vez que uno se da cuenta de esto, se sigue que todos los jugadores racionales elegirán Confesar o todos elegirán No confesar. Esta es la clave. Cualquier cantidad de pensadores racionales enfrentados a la misma situación y que sobrelleven agonías de razonamientos similares llegarán a la misma respuesta siempre que la razón sea la única guía de sus conclusiones. Si no, la razón sería subjetiva, y no objetiva como la aritmética. Una conclusión alcanzada por la razón debe ser cuestión de preferencia, no de necesidad. Algunas personas pueden pensar esto otro, pero los pensadores racionales entienden que un argumento válido debe ser universalmente vinculante, si no, no es un argumento válido. Todo lo que cada uno de los prisioneros tienen que preguntarse es lo siguiente: “Como ambos vamos a tomar la misma decisión, ¿cuál es la más lógica? Esto es, ¿cuál es la mejor para el pensador racional individual: una con dos prisioneros confesando o no confesando?” La respuesta es inmediata: “Me caerán siete años si ambos confesamos y sólo un año si no confesamos. Claramente yo prefiero un año a siete. Como soy un pensador típico, no confesar debe ser preferido también por mi compañero. Así que cooperaré.”
Los intentos de Hofstadter por convencernos, vía argumentos lógicos y racionales, de que ambos terminarán cooperando podrían alargarse muchas líneas más y seguirían sin dar con la línea de análisis correcta. Deducir el comportamiento de grupo del comportamiento individual es una falacia lógica.

El argumento individual toma el de los demás como dado durante todo el razonamiento y llega a una conclusión. Al final será la misma que la de los demás, pero sólo al final, no durante el proceso de deducción. Es decir, durante el razonamiento, un prisionero se plantea cuál es su mejor acción dado lo que pueda estar haciendo el otro. En equilibrio, lo que se postula para el otro se corresponde con lo que también sea su mejor acción dada cuál sea mi acción. Esta es la clave del concepto de equilibrio de Nash, la mayor contribución de este premio Nobel de Economía y que ahora es la pieza central de la Teoría de los Juegos. Como vemos en el dilema del prisionero, no es un concepto intuitivo y no es deducible fácilmente a partir de la lógica individual. El propio von Neumann, de quien ya hemos hablado varias veces, no le prestó atención al joven Nash cuando éste se lo propuso.

Si alguien duda del análisis de la Teoría de Juegos, en este vídeo tiene una de las mejores demostraciones. También puede echar un vistazo a la imagen que abre la entrada. La lógica del dilema del prisionero está detrás de todos los problemas ahí señalados.

miércoles, 19 de julio de 2017

Zenón de Elea, Lewis Carroll y Feyerabend

Nuestra Historia Más Grande Jamás Contada tuvo como centro el movimiento de los cuerpos. Sin embargo, la historia del pensamiento nos muestra lo difícil que es tener una idea clara de lo que es el movimiento.


Para Heráclito todo estaba en movimiento y en continuo cambio (no se puede bañar dos veces en el mismo río), mientras que para Parménides, lo inmutable del ser era la clave de la realidad (el ser es y no puede no ser). Zenón de Elea era discípulo de Parménides y quiso echar una mano a la defensa de las tesis de su maestro. Desarrolló para ello una serie de argumentos que mostraban la imposibilidad del movimiento y, por tanto, del cambio. El más famoso es el de Aquiles y la tortuga. Si le daba ventaja en una carrera, Aquiles nunca podría alcanzar a la tortuga. Cuando llegara al punto de partida de la tortuga (A), ésta ya estará más adelantada (en B). Cuando Aquiles llegue al punto B, la tortuga habrá avanzado otro poco (hasta C). De esta manera habrá una serie infinita de recorridos que Aquiles tendría que completar antes de alcanzar a la tortuga. Una serie infinita solo puede ser recorrida en un lapso de tiempo infinito. Conclusión: Aquiles no alcanzará a la tortuga. Como esto ocurre para cualquier ventaja que tenga la tortuga, por pequeña que sea, se demuestra que el movimiento es imposible.

Es difícil saber si Zenón de Elea se creía realmente su argumento. Tal vez pensara que el mundo que llamamos real es sólo apariencia, y que esta apariencia es revelada por la razón, según sus argumentos. Aristóteles analizó las falacias en las paradojas de Zenón de Elea con resultado desigual, pero la anécdota atribuida a Diógenes el cínico, que se puso a caminar tras una lección de Zenón de Elea, mostrando que "el movimiento se demuestra andando", constituye su refutación más conocida. Pura razón práctica.

Propongo ver estos argumentos desde otra perspectiva (no digo que fuera la intención de Zenón de Elea, ya adelanto que no creo que sea el caso). Constituyen un ejercicio intelectual, una especie de adivinanza, un nudo (ayúdame a desatarlo, que escribió Lewis Carroll) que se propone al interlocutor: "Si eres tan listo, a ver si sabes encontrar la causa de la paradoja, pues solo si lo sabes hacer podremos creer que tu discurso sobre la realidad estará bien fundamentado." En este sentido soy amigo de las paradojas. No creo que cada uno tenga que saber resolverlas todas, pero sí que les reconozco su aspecto lúdico y su manera de hacernos reflexionar sobre nuestro raciocinio.

El propio Lewis Carroll planteó otra carrera entre Aquiles y la Tortuga. Ésta era una carrera lógica. En boca de la Tortuga, la primera proposición de Euclides dice:

(A) Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí.
(B) Estos dos lados de un triángulo son iguales a uno tercero.

Por tanto:

(Z) Estos dos lados son iguales entre sí.

Aquiles se queja y dice que la última proposición debe ser llamada (C), pues se sigue a continuación de (A) y (B). La tortuga afirma que, antes de concluir (Z) hay que aceptar la lógica del silogismo. Es decir, hay que aceptar:

(C) Si se aceptan (A) y (B) debe aceptarse (Z).

Aquiles accede y cree acabada la nueva carrera. Pero esta no ha hecho más que empezar, ya que ahora debemos introducir:

(D) Si se aceptan (A), (B) y (C) debe aceptarse (Z).

(E) Si se aceptan (A), (B) (C) y (C) debe aceptarse (Z).

... ... ...

Según la tortuga, nunca se aceptará (Z), y así nace otra paradoja, esta vez sobre la imposibilidad del movimiento, no ya en el mundo real, sino en la propia esencia de la razón, en la lógica.

En tiempos más recientes, hay filósofos que nos han traído nuevos argumentos sobre la imposibilidad del movimiento, esta vez en el progreso de la ciencia. Por ejemplo, Feyerabend viene a decir:

(A) No existe un método científico. Para toda regla o método, encontramos excepciones en la historia de ciencia.

(B) Si queremos despojar al método científico de todas las reglas que se han transgredido, nos quedamos con que "todo vale".

(C) De lo anterior se deduce que la ciencia no está en mejor posición que otras construcciones sociales como para demandar un status superior.

(D) Se deduce también un relativismo cultural por el cual podemos admitir que ciertas creencias que son verdaderas para nosotros no lo son para otros. Estas creencias se refieren no solo a gustos o cuestiones morales, sino también a afirmaciones acerca de la realidad física. No hay posibilidad de definir criterios que definan la objetividad y la razón. Así que objetivamente no hay que elegir entre las afirmaciones de la ciencia y de la astrología, por ejemplo.

Feyerabend escribía con un lenguaje muy directo, pero poco claro. No es de extrañar que continuamente se quejara de que no le habían entendido, especialmente cuando escribió su obra "Contra el Método". Acusaba a sus críticos de no distinguir entre chistes, ironías, paradojas y las ideas centrales del libro. Es lo que tiene no escribir con claridad.

Además de Feyerabend, hay corrientes post-modernas, hermenéuticas, deconstructivistas, ... que emplean argumentos de este estilo para criticar a la ciencia. Algunas veces se la tacha de machista, otras de occidental y, por tanto imperialista, y así sucesivamente. El hilo conductor parece ser algo así como:

(A) La ciencia es un quehacer humano (o un discurso, o lo que sea).

(B) Por tanto no está exenta de los problemas de todo que hacer humano (o de todo discurso, ...).

(C) Por tanto, sus construcciones o teorías estarán sesgadas y reproducirán los esquemas de poder - o los prejuicios, o lo que sea - de la clase dominante - o de los hombres, o de occidente, pon aquí tu fobia favorita -.

Es decir, que si hubieran sido mujeres asiáticas quienes hubieran estudiado el movimiento de los cuerpos, la ley de la gravedad sería distinta. Bueno, tal vez no esa en particular, pero sí alguna otra ley o teoría científica. Aunque no sabemos cuál, no nos lo dicen, no hablan claro.

Veo todos estos discursos como veo las paradojas de Zenón de Elea o la de Lewis Carroll. El primero tal vez se creyó sus argumentos, el segundo no (Lewis Carroll era profesor de matemáticas y de lógica). Los pensadores que las proponen harían bien en tomarlas como lo que son y no como argumentos verdaderos. Se arriesgan a quedar en ridículo frente a un Diógenes moderno, o frente a un Sokal.

martes, 11 de julio de 2017

¿Cuántos impuestos paga un asalariado?

A cuenta de la reducción de impuestos pactada entre el PP y C’s ha vuelto el debate sobre si pagamos muchos impuestos, si compensa el estado de bienestar que tenemos y otros gastos y si es el momento adecuado, por aquello de la deuda y el déficit. En particular, se ha gastado mucha saliva y caracteres de twitter en dilucidar cuántos impuestos pagamos y, más concretamente, cuántos paga un trabajador asalariado. Voy a intentar aclarar esto.


Un trabajador cobra un sueldo bruto, del que se descuentan cotizaciones a la seguridad social y sobre el que tendrá que pagar el impuesto de la renta. Además de eso, el empleador paga cotizaciones a la seguridad social a cuenta del trabajador y, cuando el trabajador gaste su dinero, pagará el IVA, impuestos especiales y otros. ¿Cómo calcular cuáles son los impuestos que paga el trabajador? ¿Se incluyen todos? ¿Son las cotizaciones a la seguridad social impuestos? ¿La parte que paga el empleador es parte del salario bruto del trabajador?

Para responder a estas preguntas hagamos unas consideraciones que espero aclaren el porqué del análisis posterior.
  1. Las cotizaciones a la seguridad social no son técnicamente un impuesto, pero actúan económicamente de manera bastante parecida a un impuesto. Un incremento de las cotizaciones implica un coste mayor de contratar, exactamente como un impuesto implica un coste mayor de compraventa.
  2. La distinción entre una parte de las cotizaciones que paga el trabajador y otra que paga el empleador es un artificio contable. Pongamos que a un sueldo de 100 debe acompañar una cotización de 25 por parte del empleador y de 5 por parte del trabajador. El empresario gastará 130 por cada 100 que reciba el trabajador. Lo mismo que si al empresario se le imputara una cotización de 10 y al trabajador una de 20. Todo es exactamente igual, excepto que alguien ha decidido llamar a unas cantidades de una manera y no de otra.

lunes, 3 de julio de 2017

Matar una discusión (7): «¿Estás comparando el tocino con la velocidad?»


Estás intentando explicar un fallo en una argumentación y, para hacerlo más patente, pruebas con un ejemplo que te parece más claro. ¿Qué puede salir mal? Al parecer, mucho.

Sabemos que si llueve las calles se mojan. Alguien ve la calle mojada y dice que ha llovido. «No tiene por qué», respondes, pero no convences. Tras mucho explicar dices que de «A implica B» no se puede deducir que «B implica A», de «Si llueve, se mojan las calles» no se puede deducir que «Si las calles están mojadas es porque ha llovido», lo mismo que de «Si alguien es hombre, entonces es mortal» no se deduce que «Si alguien es mortal entonces es hombre», puesto que puede ser una mujer. Llegados a este punto, tu contertulio dirá «¿Estás comparando a la lluvia con los seres humanos?». Bueno, seguramente no, nadie sería tan bruto. Todo el mundo entiende que la analogía que trae el ejemplo está en la forma del argumento, no en el contenido. Sin embargo algo muy parecido pasa a menudo.

Por ejemplo, en numerosas ocasiones he dicho que los supuestos en Economía son simplificaciones para desarrollar modelos tratables y que permitan estudiar una cuestión. El Homo economicus sería una simplificación para estudiar algunos mercados lo mismo que el tratar los planetas como puntos en el espacio lo es para estudiar sus posiciones relativas. Una y otra vez, me contestan «¿Cómo puedes comparar la Economía con la Física?» Cuando aseguro que en ningún momento he hecho eso me señalan que he puesto las dos cosas en un mismo párrafo. Como si hubiera sido yo, y no mis contertulios, quienes han confundido la lluvia con los seres humanos.

¿Hace falta que ponga otro ejemplo o se me dirá que estoy confundiendo el modus ponens con el realismo de los supuestos? ¿O tal vez que no me entero y que planteo una falsa disyuntiva?

El lector avispado se habrá dado cuenta que este tipo de confusión mental tiene su vuelta de hoja. Ocurre cuando alguien te quiere convencer de A y lo pone en analogía con B, que es algo de lo que ya estás convencido. Por ejemplo, «El mercado no busca la justicia, por lo tanto el mercado es malo». Te han metido en la misma frase «mercado» y «no justicia» y ahora te toca a ti ser el malo de la película y decir que «el chocolate tampoco busca la justicia». Para entonces tu contertulio ya no atenderá razones, hinchado de superioridad moral.

(Se admiten comentarios con más ejemplos de este tipo de diálogo de besugos.)

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Hace cinco años en el blog: Sobre el nacionalismo (3).
Y también: Cuando cierro los ojos veo neoliberales.
Hace tres años en el blog: Vivir con la imperfección en ciencia y en política.
Y también: Elección de alcalde a dos vueltas.
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lunes, 26 de junio de 2017

La disputa del centro con cuatro partidos

Cuando en un sistema democrático hay dos partidos grandes, hay también una tendencia a que ocupen el centro político. Si ocupan otra posición, por ejemplo uno se coloca en el medio de la izquierda y otro en el medio de la derecha, cualquiera de ellos espera ganar votos desplazándose en la dirección del otro partido. De tener más o menos la mitad del electorado pasaría a tener bastante más. En la medida que a los partidos les importe ganar votos, la fuerza de este equilibrio no debe ser desdeñada. Es cierto que los partidos pueden tener también preferencias por unas políticas u otras, pero no menos cierto es que ninguna política se llevará a cabo sin ganar las elecciones.

Figura 1

Con cuatro partidos grandes la cosa cambia. Si los cuatro se quedan en el centro, cualquiera de ellos ganará si se escora hacia un lado. Pasaría de estar dividiéndose entre cuatro a todo el electorado a tener prácticamente la mitad para sí. Algo parecido, pero todavía más marcado, sucede si los cuatro coinciden en cualquier otro punto del espectro político. Tampoco puede haber tres juntos en un sitio (por ejemplo, en algún lugar del centro o del centro izquierda) porque entonces el cuarto que está suelto ganaría aproximándose a esos tres por la parte en la que han dejado más espacio. Pero tras juntarse estaríamos en la situación anterior, que sigue sin ser de equilibrio.

El único equilibrio sucede cuando dos ocupan el centro derecha y dos el centro izquierda (Figura 1, donde los porcentajes indican el tanto por ciento de población entre la extrema izquierda y el punto señalado). Los ciudadanos votan al partido más cercano a su ideología, de manera que los dos primeros se reparten la mitad de la izquierda (flechas rojas) y los otros dos la mitad de la derecha (flechas azules). Quien se mueva de ahí perderá votos. Por ejemplo, si uno del centro izquierda se va al centro ganará algunos votos a costa de los partidos de centro-derecha, pero perderá una cantidad idéntica por la izquierda (Figura 2, donde las flechas naranjas muestran lo que gana y pierde con el cambio), que fortalecerá a su rival más cercano. Pruebe el lector para ver que ninguna otra configuración es de equilibrio. Aquí hay una demostración formal. Para que esto sea así es necesario que los partidos solo estén interesados en ganar votos y que los votantes estén distribuidos uniformemente en el eje izquierda-derecha y solo les importe ese eje.

Figura 2

Esto viene a cuento porque desde hace tiempo vengo diciendo que veríamos la C’s ir a la derecha y al PSOE hacia la izquierda (véase aquí, aquí, aquí y aquí). No es que vayan a coincidir, puesto que hay más variables además de ganar votos, pero sí que tenemos una fuerza que los llevará en esa dirección. Desde entonces hemos visto a C’s renunciar a la Socialdemocracia y al PSOE elegir a la versión más a la izquierda de Sánchez. No es que yo diga que eso es lo que deben hacer los partidos ni que yo quiera que lo hagan, es simplemente entender que esa fuerza existe y tira de los partidos, independientemente (o además de) de cualquier otra consideración. Sin entenderla no se entiende una parte importante de la evolución que hemos visto en los últimos tiempos.
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Hace cinco años en el blog: Alemania-Grecia.
Y también: Por encima de nuestras posibilidades.
Hace tres años en el blog: Al monte se va con botas: El anteproyecto de reforma fiscal.
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martes, 20 de junio de 2017

La disuasión del crimen (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Otro aspecto importante que tener en cuenta es la diferencia entre los riesgos reales y los percibidos. Los individuos reaccionan frente a los riesgos percibidos, de manera que es importante entender cómo se forma esta percepción. En general hay poca evidencia de correlaciones entre los riesgos percibidos y los reales, y solo hay alguna percepción acertada en los casos de jóvenes criminalmente activos. La literatura también ha tendido a encontrar evidencia robusta sobre el hecho de que las percepciones de riesgo son sensibles a la experiencia personal (personas que han sido arrestadas o que tienen conocidos que lo han sido). El público en general, así como los delincuentes ocasionales, tienden a sobreestimar el riesgo de ser detenidos y ajustan sus percepciones a la baja según delinquen más y reconocen que ese riesgo es menor que el que primeramente estimaban.
Todas estas apreciaciones y muchas más son importantes a la hora de analizar e interpretar los datos empíricos. Se pueden establecer tres conclusiones tras la revisión de la literatura. En palabras de los autores:
“Primero, hay una fuerte evidencia de que el crimen responde a incrementos en los efectivos policiales y a las maneras en que se reasignan estos efectivos. Con respecto al número de efectivos, la mejor hipótesis, a nuestro juicio, es que la elasticidad del crimen violento y contra la propiedad respecto a la cantidad de policías es aproximadamente -0,4 y -0,2 respectivamente (porcentaje que en que disminuye ese tipo de delitos ante un incremento del 1% en la dotación de la policía). El grado en que estos efectos se deben a la disuasión y no al hacer imposible el delito es una cuestión abierta, aunque el análisis de las tasas de detenciones sugiere el papel de la disuasión (Levitt 1998, [4] y Owens 2013 [5]). Con respecto a la reasignación de los efectivos, la investigación experimental sobre el despliegue en lugares de concentración de delitos y los esfuerzos centrados en la disuasión han llevado en algunos casos a un descenso remarcable en los delitos, un hecho que puede ser atribuido a la visibilidad de esas acciones. 
Segundo, aun cuando la evidencia a favor de un vínculo entre el crimen y el castigo generalmente muestra un efecto de disuasión relativamente pequeño, parece que hay más evidencia de un efecto de disuasión más importante inducido por políticas que se centran en un aumento de penas a delincuentes específicos. Esto se ve en el efecto de la ley three-strikes (tres faltas) de California sobre el comportamiento de los delincuentes con dos faltas (véase Hellandand y Tabarrok 2007 [6]) y en el comportamiento de los delincuentes a los que se les aplicó el perdón en Italia (Drago et al. 2009 [7]). Por otra parte, mientras que la elasticidad del crimen con respecto a la duración de la sentencia parece ser grande en el caso italiano, es pequeña en el caso de California. 
Finalmente, hay una clara y fuerte evidencia, en general, de una relación entre las condiciones laborales locales, medidas según la tasa de desempleo o el salario, y el crimen. A pesar de que es difícil que estos efectos se vean enmascarados por los efectos de incapacitación, pueden estar mostrando respuestas debidas a otros efectos distintos de la disuasión. Más aún, no parece claro que acceder al empleo sea una disuasión entre los individuos con una vida criminal más productiva.”
El trabajo termina con algunas reflexiones sobre cómo desarrollar modelos teóricos que tengan en cuenta la literatura empírica. El aspecto más importante es acerca de la hipótesis que explica mejor por qué el crimen responde más a la probabilidad p que al coste f. Una primera explicación está en la línea de lo apuntado anteriormente, con castigos que llevan su tiempo para ser efectivos (desde el momento del delito hasta el del castigo). Además de la inclusión de la impaciencia, hay modelos alternativos de preferencias temporales que llevan a una mayor respuesta frente a p, como las preferencias con descuento hiperbólico, como muestra la literatura de la economía del comportamiento. Además del castigo legal, los delincuentes que son detenidos, sufren del estigma social. A medida que los individuos acumulan un historial criminal más largo, el estigma de ser etiquetado como “criminal” puede perder su efectividad y no representar una componente del coste de cometer un crimen. Así, en la medida que una proporción alta del crimen sea cometida por delincuentes reincidentes, el crimen sería más sensible a la probabilidad de detención que a la severidad de la sanción, puesto que los reincidentes ya han pagado el coste informal asociado con ser considerado un criminal. Una extensión final que merece ser discutida puede encontrarse en Durlauf y Nagin (2011) [8], y se sigue de la tendencia que tienen los individuos a sobreestimar la probabilidad de sucesos raros. En un mundo en el que la probabilidad percibida de ser detenido es muy baja, incluso cambios pequeños en esa percepción puede tener grandes efectos, con la capacidad potencial de racionalizar grandes cambios en el comportamiento ante el aumento de presencia policial en determinados lugares y a la publicidad encaminada a la disuasión.

Referencias:

4. Levitt, S.D. 1998. Juvenile Crime and Punishment. Journal of Political Economy 106 (6), 1156–85.

5. Owens, E.G. 2013. COPS and Cuffs. En Lessons from the Economics of Crime: What Reduces Offending?, edited by Philip J. Cook, Stephen Machin, Olivier Marie, y Giovanni Mastrobuoni, 17–44. Cambridge, MA y Londres: MIT Press.

6. Helland, E., y Tabarrok, A. 2007. Does Three Strikes Deter? A Nonparametric Estimation. Journal of Human Resources 42 (2), 309–30.

7. Drago, F.; Galbiati, R., y Vertova, P. 2009. The Deterrent Effects of Prison: Evidence from a Natural Experiment. Journal of Political Economy 117 (2), 257–80.

8. Durlauf, S.N., y Nagin D.S. 2011. Imprisonment and Crime: Can Both Be Reduced? Criminology and Public Policy 10 (1), 13–54.

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Hace cinco años en el blog: Economistas contra la crisis y el hombre de paja.
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sábado, 17 de junio de 2017

La disuasión del crimen (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance.


Gary Becker propuso el primer modelo económico sobre el comportamiento criminal. Con un enfoque neoclásico muy estándar estudió este problema aparentemente fuera del ámbito de la Economía. En particular, Becker asumió que los criminales son racionales y respondían a variables como la probabilidad de ser descubiertos, la severidad de los castigos y el coste de oportunidad en el mercado de trabajo. A este trabajo seminal siguió una literatura empírica abundante para contrastar hasta qué punto los potenciales criminales son disuadidos por estas variables. La literatura considera también novedades teóricas como la perspectiva dinámica del problema y la consideración de sujetos no perfectamente racionales, como sugiere la economía del comportamiento.

Chalfin y McCrary (2017) [1] examinan esta literatura para encontrar patrones, avanzar alguna conclusión y, tal vez, ayudar con recomendaciones de acción política. La primera cosa que notan estos autores es que las investigaciones se pueden clasificar en tres categorías generales, que corresponden a cada una de las tres variables mencionadas en el párrafo anterior. El papel de estas variables se puede ver como sigue: sea U(c1) la utilidad asociada con cometer un crimen sin ser descubierto, U(c2) la utilidad de cometer un crimen y ser descubierto, y (Unc) la utilidad de elegir no cometer el crimen. Finalmente sea p la probabilidad de ser descubierto. Entones, un individuo que tiene la oportunidad de cometer un crimen decidirá hacerlo si se cumple la siguiente condición:

(1-p)U(c1) + pU(c2) > U(nc).

Si el resultado de no ser descubierto (c2) se denota por Y (que puede interpretarse como ingreso monetario) y el resultado de ser descubierto se entiende como una reducción de este ingreso (Y-f), donde f se puede interpretar como la severidad del castigo, medida en ingreso equivalente, entonces la expresión anterior se puede reescribir como:

(1-p)U(Y) + pU(Y-f) > U(nc).

Las tres variables que afectan a la disuasión son p, f y el resultado de no cometer el crimen. El nivel de Y y la función de utilidad U son exógenas a las políticas de disuasión. De acuerdo con este modelo, un incremento en p o en f implican una mayor disuasión, como también la implica una mayor U(nc). Una característica interesante que se puede estudiar en este modelo es si los individuos se ven más afectados por p o por f a la hora de decidir si cometer el crimen. Becker (1968) [2] muestra que si los individuos son aversos a riesgo (como se suele suponer) un porcentaje de aumento en f es más efectivo como método disuasorio contra el crimen que el mismo incremento relativo en p, una conclusión que no se corresponde con la opinión contemporánea más extendida entre los jueces. 

Un modelo reciente en Lee y McCray (2017) [3] introduce un factor dinámico. Si el castigo tras ser descubierto es un número de años en la cárcel, entonces la severidad del castigo debe ser medida como años y no como una pérdida de ingreso como en el modelo de Becker. La consecuencia de esta diferencia es que el crimen se verá reducido por un aumento en el tiempo de condena, y el mecanismo de comportamiento deberá ser modulado según las preferencias temporales. En particular, los individuos impacientes mostrarán una mayor reacción a la probabilidad de captura que a la extensión temporal de la sentencia.

(Continúa aquí).

Referencias:

1. Chalfin, A., y McCrary, J. 2017. Criminal Deterrence: A Review of the Literature. Journal of Economic Literature 55(1), 5–48.

2. Becker, G.S. 1968. Crime and Punishment: An Economic Approach. Journal of Political Economy 76 (2), 169–217.

3. Lee, D.S., y McCrary, J. En prensa. The Deterrence Effect of Prison: Dynamic Theory and Evidence. Advances in Econometrics.

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Hace cinco años en el blog: Sobre el nacionalismo.
Y también: Sobre el nacionalismo (2).
Hace tres años en el blog: Seguros de salud privados: ¿selección adversa o propicia? (1)
Y también: Seguros de salud privados: ¿selección adversa o propicia? (2)
Y también: Ciencia y democracia.
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sábado, 10 de junio de 2017

Escépticos en el pub. Crianza basada en la evidencia. ¡Aparta ese pulpo de mi hijo!


Despedimos la temporada el sábado 10 de junio con un tema que llevábamos tiempo queriendo programar: el de la pseudociencia que ha ido creciendo en torno al embarazo y la maternidad. María Martínez Giner (@_Elara_) descubrió ese mundo cuando se quedó embarazada de su hijo y ahora nos va a exponer sus experiencias en una charla titulada “Crianza basada en la evidencia: ¡aparta ese pulpo de mi hijo!”. Así nos resume su contenido:
«“La privación de sueño, la necesidad de cuidar a otro incluso por encima de tus necesidades, el amor incondicional y el miedo a la pérdida, la reducción de tu vida social, la movilización masiva de recursos, el agotamiento físico y mental… Ser padre o madre muchas veces nos coloca en una posición en que tomar decisiones racionales es difícil. Somos presa fácil para vendedores de humo. Pero de nuestras decisiones como padres dependerá la salud y el bienestar de nuestros hijos, así que vamos a repasar los mitos y supercherías más habituales que rodean la crianza, los más peligrosos y, ¿por qué no? los más absurdos”».
María Martínez Giner es licenciada en veterinaria, especialista en cunicultura y en genética de la reproducción. Después de más de 10 años trabajando en reproducción de diferentes especies, decidió en 2015 dar el salto y probar la reproducción humana en carne propia. Aún está intentando recuperarse. Es miembro del Consejo Asesor de ARP-SAPC.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 el sábado 10 de junio a las 19:00.

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Hace cinco años en el blog: El rescate. Entre apocalípticos e integrados.
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martes, 6 de junio de 2017

En cuestión de sexos, más datos y menos ideología


Hay quien cree que las mujeres tienen menos tendencia a decantarse por algunas carreras que por otras, o que son los hombres quienes tienen esa tendencia. Hay quien piensa que, de ser cierto la anterior, la tendencia por fuerza tiene que ser social y no genética. ¿Hay razones tras esas creencias? Una mirada casual a la proporción de hombres y mujeres en las distintas carreras parece indicar que hay, efectivamente, distintas preferencias entre sexos. El hecho de que las mujeres hayan entrado en otras carreras antes también acaparadas por hombres parece dar fuerza a la creencia de que las preferencias innatas pueden no estar explicando el fenómeno observado y que tienen que haber sido moldeadas socialmente. Sin embargo, estas justificaciones de las creencias no están bien fundamentadas. Hay múltiples hipótesis que podrían explicar los datos. Hagamos una lista:
  1. Las mujeres tienen menos inclinación por esas carreras por causa genética.
  2. Las mujeres tienen menos inclinación por esas carreras por causa social.
  3. Las circunstancias específicas en esas carreras implican una dinámica más lenta en la presencia de mujeres que en otras antaño también dominadas por hombres.
  4. Las mujeres aprecian igual que los hombres cada carrera, pero ni a hombres no a mujeres les gusta demasiado estar en minoría (modelo de segregación de Schellling).
Que yo sepa, ninguna de estas hipótesis (ni otras posibles) está probada ni descartada. Proponerlas como líneas de investigación no es machista ni deja de serlo, aceptar alguna de ellas sin estar probada sí puede serlo. P.e., no aceptaremos sin más que a las mujeres les gusta la ingeniería menos que a los hombres solo porque satisfaga la intuición de alguien y porque una mala mirada a los datos así parezca decirlo. Tampoco rechazaremos sin más que haya una diferencia de gustos innata solo porque choca con la intuición de alguien, normalmente porque piensa que la diferencia innata justificaría la discriminación por sexo o, alternativamente, porque haría más difícil igualar la presencia de hombres y mujeres en las distintas carreras que si la diferencia de preferencias tuviera un origen social. Ninguna de las dos cosas se seguiría de ese dato. Lo que necesitamos para dar con la explicación adecuada no es la idea preconcebida de ninguna ideología, sino datos que todavía no tenemos.

Mientras llegan los datos –y pueden tardar mucho en llegar- no debemos dar por buena ninguna hipótesis y actuar en la dirección de menor daño o de más probable beneficio, y yo creo que esta es la de animar a hombres y mujeres a que acudan a las carreras en las que están menos representados.

Cambiemos de tercio y observemos que hay quien piensa que los hombres tienden a interrumpir a las mujeres (manterrumping) o a despatarrarse en el transporte público (manspreading) o a explicar cosas a las mujeres condescendientemente (mansplaining). ¿Están bien fundamentadas estas creencias o pasa como en el caso anterior de las distintas hipótesis sobre la presencia de hombres y mujeres en distintas carreras? ¿Hay algo más que la intuición de alguna ideología? La hipótesis de los distintos gustos entre hombres y mujeres tenía los datos de mayor presencia de uno de los sexos en distintas carreras y ya hemos visto que, incluso existiendo este dato, no es suficiente para aceptar la hipótesis. En los casos de manterrumpting, manspreading y mansplaining, ¿tenemos siquiera esos datos? Yo no los he visto, solo he leído relatos anecdóticos que se refieren como generales, representativos o, por lo menos, como de mayor ocurrencia entre hombres que entre mujeres. No sé si esas cosas ocurren, sino que no se ofrecen los datos.
Por ejemplo, para mostrar el manterrumping, se ofrecen debates entre hombres y mujeres (por ejemplo, entre Clinton y Trump) y se cuenta que Trump interrumpió a Clinton muchas más veces que al contrario. El dato es cierto, pero no sabemos si es general. Habría que hacer, por lo menos, tres cosas más para comprobarlo: (i) que esto ocurre cuando se toma una muestra aleatoria de debates, (ii) que los hombres interrumpen más a las mujeres que a otros hombres y (iii) que las mujeres no se interrumpen más entre ellas que lo que interrumpen a los hombres. Por ejemplo, si (ii) no se da, ¿en qué queda el manterrumping? Será cierto que los hombres interrumpen más, pero no que discriminen por sexo en la interrupción. Algo parecido podríamos pedir a los datos que apoyen el mansplaining. En el caso del manspreading. ¿Alguien se ha puesto a contar qué porcentaje de hombres ocupan más sitio del que deben y lo ha comparado con el de las mujeres? ¿Ocurre siempre o solo cuando hay asientos vacíos? ¿De cuanto sitio ocupado estamos hablando? ¿Se mantiene la diferencia si se controla por el tamaño de la persona o alguna otra circunstancia? Si ocurre, ¿se debe a un deseo de acaparar espacio o hay razones anatómicas?

Yo no tengo ni idea de si estas cosas ocurren y en alguna de ellas tengo curiosidad por saber si es cierta o no. Sobre lo que sí tengo idea es que, mientras lleguen los datos, igual que hacíamos antes, trabajemos sobre la hipótesis de menos daño, aquella que no supone una diferencia donde no sabemos si la hay.

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Hace tres años en el blog: Los mitos de la razón. El Homúnculo y el Fantasma en la Máquina.
Y también: Salud y República.
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lunes, 29 de mayo de 2017

Reflexiones en torno al referéndum catalán


He dicho en más de una ocasión que si en Catalunya (o en Euskadi) una mayoría de la población desea la independencia de manera persistente, es mi opinión que debería articularse la manera de que se llevara a cabo. Pensar lo anterior no me impide ver las dificultades de que tal cosa suceda, ni las malas argumentaciones o estrategias desarrolladas en el lado de los independentistas o las buenas desarrolladas en el lado no independentista (y viceversa). Apuntaré en esta entrada las dificultades a la hora de plantear e interpretar resultados en un referéndum.

Hoy por hoy, la independencia de Catalunya es imposible sin cambiar la Constitución para reconocer esa posibilidad. Al decir esto descarto la secesión por la fuerza (como Kosovo) o el mantenimiento de una independencia de hecho aún sin ser declarada (como Taiwán). En las circunstancias más proclives a permitir la independencia esto implicaría:
  1. Un primer referéndum para conocer si hay una mayoría de catalanes a favor de la independencia.
  2. Una propuesta de cambio en la Constitución para permitir la independencia de Catalunya (y, seguramente, de otras comunidades autónomas).
  3. Un segundo referéndum en toda España para aprobar la nueva Constitución.
  4. Un tercer referéndum para que en Catalunya se acepte la independencia según los acuerdos que haya habido entre el Gobierno central y la Generalitat.
El primer referéndum (presumiblemente están pidiendo desde la Generalitat) solo sería para empezar a hablar. Fijémonos qué distinto sería ese referéndum respecto de otros, donde el Gobierno tiene potestad para legislar lo que salga de él (la adhesión a la OTAN, la inclusión de una provincia en una comunidad autónoma o la aceptación de la Constitución Europea, por poner unos ejemplos). Esta característica del primer referéndum hace que sea difícil interpretar su resultado, puesto que mucha gente puede votar a favor de la independencia a pesar de no quererla, y solamente como manera de presionar para que el gobierno central favorezca a esta comunidad (con mayores competencias, inversiones o mejor financiación). Ya sé que la única interpretación oficial es la literal, pero importará saberlo (miremos cómo se nos quedó el Brexit).

Según la Constitución actual, el referéndum solo puede ser convocado por el Gobierno. Hay quien dice que no puede hacerlo porque no se puede preguntar por algo ilegal o porque se trata de un tema de soberanía que afecta a todo el país. Sin embargo, puesto que todos los referéndums son consultivos y puesto que las consecuencias de un resultado a favor de la independencia no implicarían su reconocimiento sino una propuesta de cambio constitucional que luego sería refrendada o no por el conjunto de España, no veo impedimentos legales.

El referéndum sería posible. Para los independentistas sería, además, deseable por razones obvias. Para los no independentistas puede no serlo por no querer dar pasos hacia la independencia, pero he dicho que me ponía en el caso más favorable a permitir la independencia. Aun así, un gobierno central abierto a dejar decidir a los catalanes puede pensar que el referéndum no se está solicitando con un respaldo suficiente a favor de la independencia porque no los partidos que apoyan la independencia no tienen mayoría de votos o porque parte de quienes se manifiestan a favor de la independencia en realidad quieren forzar más autogobierno. Incluso si eso no es así y la mayoría está clara, también puede pensar que implicaría abrir un cambio constitucional que nunca será refrendado y solo llevaría a crear divisiones y frustraciones. Por supuesto, también el gobierno central puede no querer el referéndum para poner las cosas difíciles y forzar que la mayoría catalana acepte otra solución o por cualquier otra razón, pero recuerdo una vez más que estoy en el caso más proclive al referéndum.

En el caso de haber sido el primer referéndum favorable a la independencia, el segundo referéndum es lo más problemático de todo. Cualquier intento de independencia de Catalunya debe pasar por su aceptación en el resto de España. Eso implica, creo yo, que la mejor acción política por parte de los independentistas es aquella que se refiera a conseguir esta aceptación. De un par de años a esta parte, esta ha aumentado si la medimos por los apoyos que consiguen los partidos que aceptarían una voluntad clara y persistente por la independencia entre los catalanes. Con todo, la suma de Unidos Podemos y partidos nacionalistas de otras comunidades está lejos de constituir un apoyo mayoritario, como por otra parte indican también las encuestas. Sabiendo esto, ¿cuál sería el propósito de forzar el primer referéndum cuando claramente no se pasaría el segundo? Dicho de otro modo: un resultado positivo en el primer referéndum ¿hará que aumente el apoyo a permitir la independencia catalana en la sociedad española? ¿lo hará más que otro tipo de acciones? Yo no lo sé.


El tercer referéndum es el más fácil y claro. Ese sería el equivalente a los referéndums de Quebec y Escocia y no el primero. A pesar de que, como siempre, pueda haber quien vote a favor o en contra no porque sea esa su preferencia sino como premio o castigo a quien sea, confrontada la sociedad catalana con la elección definitiva, no hay mucho espacio al voto estratégico, aunque sí al vértigo (como en Quebec o Escocia). Sí es sí y no es no. Bueno, no exactamente. Si, por ejemplo, se pone la condición de que no habrá un segundo referéndum hasta unos años después en caso de que salga el no o que deberá haber uno segundo de ratificación al cabo de pocos años si sale el sí, el campo para el voto estratégico aumentará. Me permitiréis que no me extienda en ello al ser una posibilidad lejana y llevar escritas casi mil palabras.

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sábado, 20 de mayo de 2017

Escépticos en el pub. Es Natural™, ¿no?


Un mes de mayo siempre es adecuado para hablar de plantas. Por eso para el EEEP de hoy hemos querido contar con un biólogo experto en plantas que, además, es un gran divulgador científico. Álvaro Bayón, nos ha hecho este resumen de lo que va a contarnos en la charla "Es Natural™, ¿no?":
«Bayas de Goji para limpiar el hígado. Infusión de Artemisia para la malaria. Garcinia kola, la nuez que cura el ébola. Stevia para la diabetes. Y, como todo el mundo sabe, oler limones previene el cáncer; y si ya lo tienes, come Kalanchoe y Guayaba, mil veces más potente que la quimioterapia. ¿O no? Las plantas medicinales se llevan usando desde tiempos inmemoriales, y en el mundo moderno, desde médicos hasta agricultores se dedican a dar conferencias difundiendo las bondades y milagros de esta hierba o aquel fruto. Y si la aspirina viene del sauce, ¿por qué no tomar directamente el sauce? Es Natural™, ¿no? 
Pero somos escépticos y vamos a reunirnos en un pub: será el momento perfecto para preguntarnos cuánto hay de verdad detrás de todo esto. Espero que podáis acompañarme en un viaje por la historia de la farmacología y que os adentréis conmigo en el interior de una planta, que podamos ver lo que es el principio activo y, finalmente, que podamos discernir cuánto hay de cierto y cuánto de mito en un tema tan antiguo y, a la vez, tan propio de nuestros días».
Álvaro Bayón Medrano (@VaryIngweion) es Licenciado en Biología y Máster en Valoración de Riesgos Naturales por la Universidad de León. Allí colaboró durante varios años en Botánica, en la investigación de varios aspectos científicos de las plantas medicinales e impartiendo clases de prácticas. Actualmente es contratado predoctoral en la Estación Biológica de Doñana (EBD – CSIC), donde realiza la tesis doctoral sobre invasiones biológicas para la Universidad de Sevilla.

Apasionado científico y divulgador, es el autor del blog de divulgación científica y escepticismo Curiosa Biología (@CuriosaBiologia). Es miembro de la ARP/SAPC, del Círculo Escéptico, de la APETP y colaborador en Naukas.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 a las 19:00.

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jueves, 18 de mayo de 2017

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquí, aquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.

Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:

Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.
C es cooperar, D es no cooperar

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente  todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

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Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (1).
Hace tres años en el blog: Impuestos: las deducciones y el votar con los pies.
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sábado, 13 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Los autores explican así los resultados de estos experimentos:

Uno puede imaginar al menos tres posibles resultados ex-ante. Primero, tenemos la hipótesis nula de que el entorno no tiene efecto a la hora de adaptar el comportamiento a las distintas condiciones experimentales. Segundo, el elemento estratégico puede servir para exacerbar los errores al actualizar las estimaciones para el jugador más interesado en conocer el estado de la naturaleza, particularmente cuando las bolas extraídas favorecen su estado de la naturaleza preferido. Tercero, esta consideración adicional puede servir para mejorar los errores de actualización del jugador Par en la parte estratégica del experimento, tal vez porque esto le induce a prestar más atención a la tarea o tal vez porque el sesgo de confirmación le ayuda a contrarrestar otros sesgos en la toma de decisiones.

De hecho, encontramos que los jugadores en el papel Par son menos susceptibles de caer en el sesgo de confirmación. Encontramos un grado considerable de conservadurismo (infra-actualización) en ambos jugadores y en ambas condiciones; los individuos raramente actualizan lo suficiente según las extracciones observadas. Los individuos sí estiman alrededor del 50% en el caso sencillo en que se extraen un número igual de bolas blancas o negras. Sin embargo, encontramos que la creencia media está más cerca al 50% que lo que debería según la predicción bayesiana para cualquier otra combinación de extracciones; más aún, los resultados de nuestras regresiones indican que la tendencia a infra-actualizar es mayor para los jugadores Impar que para los Par.

Como es esperable que un individuo que sufre de sesgo de confirmación diera más peso que un bayesiano a una señal confirmatoria, se puede ver esta mejora como una simple consecuencia. Sin embargo, el efecto en la actualización ocurre tanto cuando el estado de la naturaleza preferido (que para los jugadores Par es que se extraigan más bolas blancas) es probable como cuando es improbable. Nuestra manera de entender la situación es que una persona que tiene interés en un estado de la naturaleza particular estará, si acaso, emocionalmente inclinada a dar menos peso a una señal desfavorable que confirme el estado no preferido; en este caso uno esperaría ver un sesgo de disconfirmación, o al menos un menor sesgo de confirmación. Esto sugiere que el efecto puede ser debido a factores tales como el aumento de la atención que se presta al problema de actualización de las probabilidades o el que se presta a la complejidad del entorno.

Un aspecto del experimento es el juego que los individuos juegan tras las actualizaciones. Una especificación alternativa daría directamente un pago a los jugadores. La razón de elegir un juego era forzar a que se preste más atención a los estados de la naturaleza (el tipo de urna). Los juegos son muy simples y, efectivamente, los jugadores juegan las estrategias de equilibrio la mayoría de las veces (alrededor de un 85% los jugadores Impar y un 90% los Par). Para analizar esta característica del diseño experimental, los autores llevan a cabo un experimento con una especificación alternativa, y encuentran que los jugadores Par parecen ser menos conservadores que cuando los estados finales se asocian con juegos. Sin embargo, estos jugadores Par se ven más afectados por el sesgo de confirmación que en la especificación no estratégica. Esto sugiere que las creencias motivadas por el hecho de que los estados finales sean juegos se traduce en menos sesgo de confirmación debido a la mayor atención prestada, mientras que el nivel de conservadurismo puede no variar.

Finalmente, se realizó otro experimento con distintos juegos finales para asegurarse de que no había nada especial con algún juego en particular que afectara el comportamiento de los jugadores. No se encontraron resultados distintos en estos casos.

Los autores concluyen: Tal vez sorprenda que un efecto tan fuerte en el comportamiento resulte de nuestra pequeña manipulación para motivar creencias. La única diferencia en nuestro diseño es que un grupo de jugadores tiene un pago de equilibrio ligeramente superior en un estado de la naturaleza en comparación con el otro, mientras que el otro grupo de jugadores no lo tiene. Aún así, parece que la gente presta más atención cuando les importa cuál es el estado de la naturaleza.

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Hace cinco años en el blog: El benefactor al rescate.
Hace tres años en el blog: Escépticos en el pub. El diseño inteligente ¡Vaya timo!
Y también: Antes de leer "El Capital en el Siglo 21".
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miércoles, 10 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance.


Esta entrada resume el artículo “Confirmation bias with motivated beliefs”, de Charness y Dave, publicado en Games and Economic Behavior en 2017 [1].

El sesgo de confirmación puede definirse como la tendencia a buscar, interpretar y usar las evidencias de una manera sesgada hacia la confirmación de creencias o hipótesis preexistentes. Esto constituye un error de juicio que limita la capacidad de aprender que tiene el individuo (Rabin y Schrag, 1999 [2]), induce un cambio en las creencias para justificar acciones pasadas (Yariv, 2005 [3]), y puede conducir a un incremento de la polarización de las creencias dentro de una población (Wilson, 2014 [4]). Las implicaciones para situaciones de la vida real son abundantes: un exceso de volatilidad y de inercia a la hora de comprar y vender en la bolsa de valores, la perpetuación de los estereotipos y la falta de acierto en los diagnósticos médicos, entre muchas otras.

Una cuestión importante es, por tanto, qué clase de entornos hace que los individuos integren la nueva información sin caer en el sesgo de confirmación. Para este fin, Charness y Dave llevan a cabo un experimento en el que el aprendizaje racional debería seguir una actualización bayesiana, miden el sesgo de confirmación como la distancia a la actualización bayesiana y comparan las diferentes medidas en distintos escenarios para poder sacar conclusiones.

El experimento es como se indica a continuación:
  • Hay dos urnas, la “más negra” (MN) contiene 7 bolas negras y 3 blancas, mientras que la “más blanca” (MB) tiene 3 negras y 7 blancas.
  • Se elige una urna de manera aleatoria. Si resulta ser la urna MN, los jugadores experimentales juegan el juego MN. Si se elige la urna MB, juegan el juego MB. Ambos son juegos simples. Si los jugadores juegan correctamente, el jugador Impar gana 20 puntos, mientras que el jugador Par gana 25 en el juego MN y 30 en el juego MB. Si un sujeto es Impar o Par se determinará por adelantado, y se comunicará al jugador.
  • Antes de conocer la información sobre qué urna ha sido elegida, se extrae de ella una bola, que se enseña a los jugadores y se vuelve a introducir en la urna. Este proceso se repite seis veces antes de mostrar el contenido de la urna. Después de cada extracción se pide a los jugadores que estimen la probabilidad de que la urna sea MN o MB. Las mejores estimaciones se recompensan con más puntos.
  • Los sujetos experimentales juegan este juego, cada vez con un oponente distinto y anónimo, diez veces.

En este experimento hay unas probabilidades repartidas al 50% cada una de que la urna sea de un tipo o de otro, y hay una única manera correcta de actualizar estas probabilidades tras cada extracción de una bola, siguiendo la fórmula de Bayes. Las desviaciones con respecto a estas actualizaciones ofrecen una medida de un posible sesgo de confirmación. Finalmente, los autores presentan la hipótesis de que, en comparación con los jugadores Par, los jugadores Impar deberían mostrar un sesgo de confirmación mayor, en el sentido de que no usarán la información ofrecida por el color de las bolas extraídas de manera eficiente para corregir su estimación sobre si la urna es MN o MB, y en cambio realizarán actualizaciones más cercanas a las predicciones a priori que las que deberían hacerse. De acuerdo con esta hipótesis, los jugadores Impar no están interesados en el tipo de urna, puesto que sus pagos no dependen de ello. Por el contrario, los pagos de los jugadores Par sí dependen del tipo de urna y tiene un mayor interés en prestar atención a las actualizaciones de las probabilidades.

(Continúa aquí).

Referencias

1. Charness, G, y Chetan, D. 2017. Confirmation bias with motivated beliefs. Games and Economic Behavior 104, 1-23.

2. Rabin, M., y Schrag, J.L. 1999. First impressions matter: a model of confirmatory bias. Quarterly Journal of Economics 114, 37–82.


4. Wilson, A., 2014. Bounded memory and biases in information processing. Econometrica 82:6, 2257–2294.

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Hace tres años en el blog: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (1).
Y también: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (2).
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